Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.
La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices.
Una pizca de probabilidad tiene tanto valor como una libra de quizá.
Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado.
Es un axioma que aquel a quien todos conceden el segundo lugar, tiene méritos indudables para ocupar el primero.
La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.
La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna.
La suerte es una flecha lanzada que hace blanco en el que menos la espera.
Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.
Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como
estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas
dignas de escribirse.
Cuanto más posee el hombre, menos se posee a sí mismo.