No existe ningún gran genio sin un toque de demencia.
El secreto de la genialidad es el de conservar el
espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el
entusiasmo.
El genio hace lo que debe y el talento lo que puede.
En la adversa fortuna suele descubrirse al genio, en la prosperidad se oculta.
El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio.
Sólo en las regiones de la fantasía es dado crear; crear es la misión del genio.
Mientras se gana algo no se pierde nada.
No hay una edad para empezar a ser galante ni para dejar de serlo.
Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado.
El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea.
El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.
Es injusto que una generación sea comprometida por la
precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de
la avaricia o inhabilidad de las presentes.
Nuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros
incluso cuanto todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro
dicta las leyes de nuestra actualidad.
Hemos preparado a los hombres para pensar en el futuro
como una tierra prometida que alcanzan los héroes, no como lo que
cualquiera alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que
haga.
El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.
El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo
inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es
la oportunidad.
Los funcionarios son los empleados que el ciudadano paga para ser la víctima de su insolente vejación.
Es excelente tener la fuerza de un gigante, pero es tiránico usarla como un gigante.
La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos.