Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
La esperanza no es ni realidad ni quimera. Es como los caminos de la Tierra: sobre la Tierra no había caminos; han sido hechos por el gran número de transeúntes.
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren.
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?